domingo, 27 de marzo de 2011

Fukushima a la luz de "Hiroshima"

El reportaje magistral de John Hersey sobre las víctimas de la primera bomba atómica, que ocupó un número íntegro del New Yorker, es un modelo de periodismo frente al sensacionalismo desplegado en la cobertura del terremoto, el tsunami y la crisis nuclear

Reportaje publicado en FronteraD: Leer

lunes, 14 de marzo de 2011

¿Debemos temer una catástrofe nuclear en Japón?

Qué les ha pasado a las centrales nucleares, cómo están preparadas para afrontarlo, y qué diferencias hay con Chernobil


Gráfico de El País sobre cómo se produjo la fuga en Fukushima. Click para ampliar

El pasado sábado, las imágenes de la explosión de la central nuclear de Fukushima recorrían el mundo. Y despertaron todas las alarmas ante una posible catástrofe nuclear en Japón. Había estallado uno de sus reactores, y se detectaron niveles altos de radiación en el aire. Esta mañana ha estallado otro de sus reactores. Y mientras, la central nuclear de Tokai experimenta problemas similares a la de Fukushima. ¿Qué ha pasado con las centrales nucleares japonesas? Y sobre todo, ¿debería preocuparnos?

Tomemos el caso de la central nuclear de Fukushima. Esta central cuenta con seis reactores llenos de agua destilada que actúan como refrigeradores y rodean al núcleo. Dentro del núcleo se encuentra contenido el material nuclear, uranio enriquecido. A grandes rasgos, estos refrigeradores controlan la fisión: un proceso químico por el cual se libera calor de los átomos del uranio, que luego la central convierte en energía eléctrica. Sin refrigeradores, los técnicos pierden el control de la fisión. Es decir, que el calor continúa liberándose desde el núcleo, pudiendo provocar una explosión.

El día del terremoto, en la central de Fukushima estaban activos tres de los seis reactores, mientras que otros tres se encontraban en mantenimiento. El tsunami llegó hasta la central, cercana a la costa, arrasando los cables y motores por los que circulaba la electricidad que alimentaba a estos reactores. Así, el panorama al que se enfrentaban los técnicos era al de una liberación descontrolada de calor en tres de sus reactores, que podía provocar una fusión del núcleo. Esto es, que el núcleo se derritiese a sí mismo, liberando al exterior la radiación del uranio contenida en su interior. Es decir, un Chernobil. Aunque existen en las centrales nucleares japonesas una diferencia con respecto a la rusa que veremos enseguida.

La primera reacción de los trabajadores de Fukushima fue liberar gas radiactivo al exterior, para reducir la temperatura del reactor. Eso explica los niveles altos de radiación que se detectaron en el aire, ya previamente a la explosión. Mientras, se enviaron por carretera generadores y baterías de emergencia para reactivar los reactores. Sin embargo, la situación se descontroló y se produjo una explosión que afectó al reactor 1. Pero no se produjo la temida fusión del núcleo.

Esta mañana la situación se ha repetido en el reactor 3, de nuevo sin daños en el núcleo. Se intentó, sin éxito, rebajar su temperatura inyectando una mezcla de ácido bórico -el boro es un material que frena el proceso de fisión- y agua de mar. Queda aún el reactor 2, y la central nuclear de Tokai, que tiene problemas similares en uno de sus reactores. Sin embargo, los reactores 1 y 3 de la central de Fukushima eran los que más perspectivas tenían de provocar una fusión del núcleo, cosa que no ha sucedido pese a las explosiones. De todos modos, el problema sigue ahí. Y la pregunta es inevitable: ¿puede surgir en Japón un nuevo Chernobil?

Y aquí es donde surge la comparación con Chernobil de la que antes hablábamos. Una central nuclear cuyo sistema de seguridad, contra la creencia popular, no estaba envejecido ni en mal estado. La diferencia la marcó su modelo de reactor nuclear, el RBMK soviético. A diferencia de los reactores modernos, este carecía de una cobertura externa de fuertes estructuras de acero y hormigón, concebidas como una última barrera de contención para las emisiones de radiación. Las centrales nucleares japonesas sí cuentan con esta barrera. Y además, con otro elemento fundamental: una especie de urna subterránea de acero, que es donde está contenido el núcleo y todo el material radiactivo.

En el caso de producirse una fusión del núcleo, los fuertes muros de protección evitarían que el material radiactivo se fugase al exterior. Quedaría encerrado dentro de la urna, y allí se mantendría, sin riesgo de contaminación en el futuro. Esto, de hecho, es lo que sucedió en el accidente de la central nuclear de Three Mile Island (EE. UU.), en 1979 -siete años antes de Chernobil-. Mientras que la central ucraniana no contaba con este sofisticado sistema de contención, la americana pudo contener la radiación. Es decir, en Three Mile Island la radiación se quedó enterrada bajo tierra y rodeada de acero, y en Chernobil salió al exterior. Y esto, y no las explosiones, es lo que desencadena una catástrofe nuclear.

Cabe esperar que, en caso de fusión del núcleo, suceda en las centrales japonesas lo mismo que en Three Mile Island. El seísmo no ha afectado al sistema de seguridad de Fukushima ni a la de Tokai. La agencia de seguridad nuclear japonesa mantiene el nivel de alarma nuclear en 4 sobre 7 para Fukushima. Esto es, no se prevén daños fuera del recinto de la central: aún confían en los sistemas de contención de los reactores. Las evacuaciones de población -en Fukushima, por ejemplo, se han hecho en un radio de 20 kilómetros- y los mensajes del gobierno japonés hay que entenderlos como medidas de prudencia.

Para ampliar información, se recomienda leer este artículo sobre cómo funciona una central nuclear.

jueves, 10 de marzo de 2011

Jordi Sevilla: "Para las semanas que no puedo ir al psicoanalista, Twitter me viene muy bien"

Cuatro políticos han debatido en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca sobre el uso de las redes sociales en la política

"Para las semanas que no puedo ir al psicoanalista, Twitter me viene muy bien", ha asegurado esta tarde el ex ministro socialista Jordi Sevilla -5.648 seguidores- en Huesca. Rompiendo con la tendencia habitual del político que contrata a un community manager para que gestione su cuenta, Sevilla se ha definido como un obseso del Twitter, una red a la que se unió al darse cuenta de que era "una nueva manera de vivir" de la que no quería quedarse fuera.

Cristina Cifuentes -4.339 seguidores, vicepresidenta del Parlamento de Madrid- ha ido más allá: "Enviar tweets desde una cuenta que llevase mi nombre sin ser yo la que escribe sería engañar", ha afirmado, lanzando una pequeña crítica a una práctica habitual entre muchos políticos.

El tema del encuentro en el que han participado -además de Sevilla y Cifuentes- el concejal madrileño Pedro Zerolo y la consejera de presidencia del gobierno aragonés Eva Almunia era precisamente este: la relación entre política y redes sociales. Y el debate inevitable: si el Twitter de un político es personal o partidista.

Zerolo, que se ha definido como una persona "muy gregaria", lo tiene claro: "Callarme las discrepancias con mi partido es el precio que pago por estar libremente en una agrupación en la que creo". De todos modos, Zerolo ha afirmado que para él no hay diferencia entre la gente que lo aborda a pie de calle y sus seguidores en Twitter y Facebook.

Más evasiva sobre las discrepancias ha sido Cifuentes, que, mientras twitteaba a la vez que participaba en el debate, ha afirmado que "normalmente" suele decir lo que piensa. Cuando una de las asistentes, vía Twitter, le ha preguntado qué pasa el resto de veces, Cifuentes ha matizado su postura: "El resto, simplemente me callo. Lo que no hago jamás es defender posiciones en las que no creo".

Sevilla, por su parte, es el que más ha defendido el carácter personal de su Twitter: "No creo que la voz de la ciudadanía se exprese a través de mis cinco mil seguidores". Para él, es un pequeño "compartimento estanco" en el que discutir libremente.

Los partipantes han experimentado en directo algo a lo que, aseguran, se enfrentan continuamente en internet: ser cuestionados. Algunos asistentes han propuesto llenar el hashtag oficial, #congresodigital, con el de protesta contra los partidos que han apoyado a la Ley Sinde: #nolesvotes. Jordi Sevilla, de hecho, se ha llevado un aplauso espontáneo cuando, poco después, ha afirmado que "proteger la propiedad intelectual es una cosa y la Ley Sinde otra distinta".

Corresponsales y 2.0

Minutos antes, los corresponsales Mónica G. Prieto -premiada esta mañana por su labor periodística- y Ramón Lobo han mantenido una breve charla sobre periodismo digital. Lobo ha recordado que internet y las redes sociales no pueden alejar al periodista de los sitios donde pasan cosas: "Si se cae un edificio, tienes que ir a verlo y hablar con los afectados. Ver las ventanas desde Google Earth no te da una nota de color para una buena crónica". Prieto se ha reafirmado en esto: "Necesitamos tener los ojos sobre el terreno".