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lunes, 24 de marzo de 2014
Crítica: "Sacrificio", de Andrei Tarkovski
miércoles, 5 de marzo de 2014
Crítica: "Las aventuras de Peabody y Sherman"
Canis universalis
Publicada en El Antepenúltimo Mohicano
A muchos, el nombre del Señor Peabody les sonará de aquel especial de Halloween en el que Homer Simpson viajaba en el tiempo con una tostadora. El personaje en cuestión, un perro gafotas acompañado de un niño pelirrojo igualmente gafotas, aparecía en mitad de uno de los viajes temporales de Homer, a modo de homenaje de Matt Groening a las aventuras animadas del Señor Peabody, una de sus fuentes de inspiración en sus comienzos. De hecho, es muy probable que la mayoría del público sólo conozca al cánido en cuestión por el guiño, y no por su producto original. No en vano, éste ha permanecido cincuenta años acumulando polvo y olvido en un viejo baúl. Desde 1964, el último año de emisión de la serie animada de variedades El show de Rocky y Bullwinkle, de la que el Señor Peabody constituía uno de sus personajes invitados más recurrentes. La serie se mantuvo cinco años en antena en Estados Unidos, pero nunca fue un hit. Lo que no le ha impedido ejercer una gran influencia sobre grandes animadores posteriores, como evidencia ese pequeño tributo de Groening. El personaje resulta, cuando menos, exótico. Un perro superdotado que se construye una máquina del tiempo y se dedica a visitar, junto a su hijo adoptivo Sherman (un niño humano adoptado por un perro), lugares y personajes históricos. El Señor Peabody es un trasunto canino del homo universalis, el Hombre Renacentista. Además de inventor, está versado en artes, letras, ciencias, cocina, negocios y deportes. Y fue ganador de un Premio Nobel y dos medallas olímpicas. Lo que lo convierte en todo un reivindicador de la dignidad perruna frente a las Lassies sumisas a los humanos del mundo.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Entrevista a Kore-eda: “Me recomendaron que me casase y fuese padre para poder filmar bien lo que es una familia”
jueves, 7 de noviembre de 2013
Festival de San Sebastián 2013. Nueve anotaciones cinéfilas
Reportaje publicado en OriónMag, Nº 2 (Otoño 2013)
Ocho días y 41 películas dieron para muchos descubrimientos. El de un panorama de enorme riqueza asomando en el cine latino, que este año se ha llevado la primera Concha de Oro para Venezuela con Pelo malo. El debut de un español, Fernando Franco, que respira autenticidad en su forma de contar el dolor. El acierto de un público que dio su nota más alta a la ternura de Kore-eda, uno de los veteranos más ilustres del festival. La grandeza de las historias de Lav Diaz, un filipino que acostumbra a hacer películas con duración mínima de seis horas. El nuevo director de moda, Denis Villeneuve. Varias sensaciones sobre la carrera hacia los Oscar. Apuntes sobre el cine español y francés que viene. Y también decepciones, algunas por partida doble bajo el nombre de Colin Firth. Así fue el paso de OriónMag por el Festival de San Sebastián.
lunes, 30 de septiembre de 2013
Crónicas del Festival de San Sebastián 2013
De la mano de OriónMag.com cubrí el 61 Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Ocho días, 41 películas, muchas experiencias positivas, un gran ambiente lleno de enamorados del cine y estas crónicas para contarlo:
- Primer contacto - Enemy, Le week-end, Mon âme par toi guérie, Caníbal, Las brujas de Zugarramurdi, Fruitvale Station, The Zero Theorem, Like Father, Like Son, Gloria
- La intensidad de Gravity, la crudeza de Pelo malo, la hilaridad de Tavernier - Gravity, Pelo malo, Quai d'Orsay, Oktober November, The Railway Man, Devil's Knot, Club sándwich, Vivir es fácil con los ojos cerrados
- Pelo malo, Concha de Oro al retrato de una Venezuela sin esperanza - Análisis del palmarés
- Top 10 - Las mejores películas
viernes, 21 de junio de 2013
Osea, el infierno son los otros
Era una tarde soleada de julio en Hollywood. Sofia Coppola acababa de visitar a su hermano Roman y se disponía a arrancar su Porsche cuando descubrió que las llaves se habían quedado atascadas. En ese momento, parándose a pensar en dónde estaba, se dijo: "Tengo una crisis de mediana edad. ¡Me he comprado un Porsche!". El vehículo acababa de sustituir a lo que ella misma llamaba su "coche de princesa de la Mafia": un flamante Cadillac. Con esta pequeña escena arrancó el día que en parte le inspiró a la directora el guión de Lost in Translation, según narra un largo reportaje que en 2003 el New York Times le dedicó a la hija de Francis Ford Coppola.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Deportes en celuloide
Cuando uno mezlca trabajo (deportes) y pasiones (el cine), siempre salen cosas de las que sentirse orgulloso. Os presento "Deportes en celuloide", una serie de artículos publicada en ABC.es durante el mes de julio de 2012 sobre películas relacionadas con el deporte:
- El secreto de sus ojos (2009): el asesino al que delató el fútbol
- El luchador (2008): un Jesucristo en mallas de lucha libre
- La soledad del corredor de fondo (1962): carrera a ninguna parte
- Million Dollar Baby (2004): la grandeza del perdedor
- Extraños en un tren (1951): un punto de partido interminable
- Un domingo cualquiera (1999): entre la épica y las cloacas del fútbol
- Bienvenidos a Belleville (2004): los suburbios del Tour de Francia
- Toro salvaje (1980): los ganchos de autodestrucción de Jake La Motta
- Las vacaciones de Monsieur Hulot (1953): cuando Michael Chang imitó a Jacques Tati
- Máximo riesgo (1993): Stallone, en camiseta por los Alpes
- Invictus (2009): Nelson Mandela en uniforme de rugby
- Marathon Man (1976): correr contra los límites del dolor
- The fighter (2011): una disfuncional familia de boxeadores
- Carros de fuego (1981): los dos caminos de la gloria olímpica
- El color del dinero (1986): Paul Newman contra el relevo del aprendiz
- Seabiscuit (2003): el héroe equino de la Gran Depresión
- Luces de la ciudad (1931): Charlie Chaplin y el boxeo "naif"
- Evasión o victoria (1981): el placer de golear a los nazis
- La mujer del año (1942): Katharine Hepburn contra el béisbol
- Nuevas luchas extravagantes (1900): la lucha libre imposible de Georges Méliès
- Moneyball (2012): el béisbol en hojas de cálculo
- El hombre tranquilo (1952): el combate más entrañable de John Wayne
- Jerry Maguire (1996): humanidad entre los negocios del fútbol
- Olympia (1938): Jesse Owens, héroe de la propaganda nazi
- El secreto de sus ojos (2009): el asesino al que delató el fútbol
- El luchador (2008): un Jesucristo en mallas de lucha libre
- La soledad del corredor de fondo (1962): carrera a ninguna parte
- Million Dollar Baby (2004): la grandeza del perdedor
- Extraños en un tren (1951): un punto de partido interminable
- Un domingo cualquiera (1999): entre la épica y las cloacas del fútbol
- Bienvenidos a Belleville (2004): los suburbios del Tour de Francia
- Toro salvaje (1980): los ganchos de autodestrucción de Jake La Motta
- Las vacaciones de Monsieur Hulot (1953): cuando Michael Chang imitó a Jacques Tati
- Máximo riesgo (1993): Stallone, en camiseta por los Alpes
- Invictus (2009): Nelson Mandela en uniforme de rugby
- Marathon Man (1976): correr contra los límites del dolor
- The fighter (2011): una disfuncional familia de boxeadores
- Carros de fuego (1981): los dos caminos de la gloria olímpica
- El color del dinero (1986): Paul Newman contra el relevo del aprendiz
- Seabiscuit (2003): el héroe equino de la Gran Depresión
- Luces de la ciudad (1931): Charlie Chaplin y el boxeo "naif"
- Evasión o victoria (1981): el placer de golear a los nazis
- La mujer del año (1942): Katharine Hepburn contra el béisbol
- Nuevas luchas extravagantes (1900): la lucha libre imposible de Georges Méliès
- Moneyball (2012): el béisbol en hojas de cálculo
- El hombre tranquilo (1952): el combate más entrañable de John Wayne
- Jerry Maguire (1996): humanidad entre los negocios del fútbol
- Olympia (1938): Jesse Owens, héroe de la propaganda nazi
martes, 24 de enero de 2012
El deporte y los Oscar, ochenta años de romance
Al elegante Tío Oscar no le gusta ponerse chándal. De hecho, en toda la historia de los galardones de la Academia, solo tres películas cuyo tema principal es el deporte han conquistado el premio a la mejor película: "Rocky" en 1976, "Carros de fuego" en 1981" y "Million Dollar Baby" en 2004. La lista se puede engrosar con "Ben-Hur" y "Gladiator" si consideramos que, en su día, las peleas de gladiadores y las carreras de cuádrigas eran como ir al fútbol o a la F1 en el mundo romano.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Charles Dexter Ward, el atormentado

H.P. Lovecraft, autor de "El caso de Charles Dexter Ward"
H. P. Lovecraft era un tipo muy particular. Enfermizo, solitario, extremadamente introvertido, misógino y racista. Una personalidad que su universo literario retrata a la perfección: sus protagonistas, siempre masculinos, no tienen amigos ni pareja y nunca son felices.
Uno de los alter ego más fieles a sí mismo que el escritor de Providence creó fue Charles Dexter Ward. Un joven de familia rica que vive con sus padres, solitario y tímido, interesado por saberes antiguos y apartado de la realidad que le rodea. Se trata del protagonista de "El caso de Charles Dexter Ward", una novela corta que Lovecraft publicó en 1928. El argumento sigue la línea habitual del autor: Ward va introduciéndose en la magia negra y la alquimia hasta que llega a un punto en el que descubre un terrible secreto que es incapaz de asumir. Pero ya no puede revertir lo que ha desatado con sus indagaciones.
lunes, 14 de febrero de 2011
Mascarada contra la Ley Sinde
Más de doscientos miembros de la organización internauta Anonymous protestaron contra la ley antidescargas en la alfombra roja de los Goya

Manifestantes en la Plaza de Oriente. AFP
Unos minutos antes de las diez de la noche -hora de inicio de la ceremonia de los Premios Goya-, las cámaras de televisión y los fotógrafos recogían sus equipos. Eran los últimos en desfilar sobre la alfombra roja -anoche mojada por la lluvia-. Pasaron al lado de manifestantes con las caras cubiertas por máscaras de Guy Fawkes que les increpaban: "¡televisión, manipulación!". Los operarios no los miraban, mientras las máscaras seguían coreando: "¡Mañana diréis, que somos cinco o seis!".
En realidad, eran más de doscientos. La mayoría simpatizantes del colectivo Anonymous, que organizó una protesta contra la Ley Sinde apodada "Operación Goya". La jugada comenzó ayer a las cuatro de la tarde, cuando consiguieron tumbar las web de la Academia de Cine y la de los Premios Goya mediante un ataque informático. Por la red social Twitter circulaba la frase "Hoy, los que damos la cara, nos la tapamos. Pásalo", que adelantaba la protesta posterior que preparaban.
Esa protesta tenía lugar pocas horas después. Los manifestantes lograron copar las primeras filas reservadas para el público a la entrada del Teatro Real madrileño, donde hicieron oír sus reivindicaciones: libertad en la red, no a la censura de las webs y la dimisión de la ministra de cultura Ángeles González Sinde. Precisamente, fue Sinde la que recibió los mayores abucheos, mientras que Álex de la Iglesia se llevó aplausos y gritos de apoyo: "¡Álex, Álex, Álex!".
"Con lo que nos jugamos aquí, en esta plaza tendría que haber cuarenta millones de personas manifestándose", afirmó un simpatizante de Anonymous oculto bajo una máscara de Guy Fawkes con un silbato pegado a la nariz. Habló de la organización con entusiasmo, casi gritando y envuelto en sudor: "Es la primera vez que vengo a una protesta que organicen, pero hace falta movimientos así ante los extremos a los que está llegando el Gobierno".
Aunque hubo un pequeño despliegue policial, la manifestación no fue agresiva, y a lo máximo que llegó fue a varias personas del público que tiraron huevos a la ministra. Muchos enmascarados los desaprobaron: "Esos no nos representan a nosotros", aclararon varios. Uno de los guardias de seguridad afirmó que no fue una manifestación problemática. Es más, añadió que "si no estuviera trabajando, estaría ahí con ellos". No hubo intentos de asaltar la alfombra roja, como prometían los comunicados de Anonymous.
Para muchos de los asistentes, estar ahí era una novedad. Nunca habían asistido a movimientos organizados por Anonymous, que es una organización con pocos meses de vida. Todos, sin embargo, se acostumbraron pronto a una de sus pocas normas: no hay líderes y nadie habla en nombre de todos. Por eso las máscaras. Algunos, sin embargo, llegaron por su cuenta. Como un chico joven que, a cara descubierta, ondeaba una bandera pirata, ironizando sobre la "crimininalización" a la que él consideraba que eran sometidos los internautas.
Desde fuera del cordón de protección de la alfombra roja, la ceremonia de los Goya no parecía la misma. Las televisiones apenas mostraron imágenes de los grupos de máscaras blancas. "¡Los periodistas estáis vendidos!", protestaban muchos, quejándose por la escasa atención que les prestaron.

Manifestantes en la Plaza de Oriente. AFP
Unos minutos antes de las diez de la noche -hora de inicio de la ceremonia de los Premios Goya-, las cámaras de televisión y los fotógrafos recogían sus equipos. Eran los últimos en desfilar sobre la alfombra roja -anoche mojada por la lluvia-. Pasaron al lado de manifestantes con las caras cubiertas por máscaras de Guy Fawkes que les increpaban: "¡televisión, manipulación!". Los operarios no los miraban, mientras las máscaras seguían coreando: "¡Mañana diréis, que somos cinco o seis!".
En realidad, eran más de doscientos. La mayoría simpatizantes del colectivo Anonymous, que organizó una protesta contra la Ley Sinde apodada "Operación Goya". La jugada comenzó ayer a las cuatro de la tarde, cuando consiguieron tumbar las web de la Academia de Cine y la de los Premios Goya mediante un ataque informático. Por la red social Twitter circulaba la frase "Hoy, los que damos la cara, nos la tapamos. Pásalo", que adelantaba la protesta posterior que preparaban.
Esa protesta tenía lugar pocas horas después. Los manifestantes lograron copar las primeras filas reservadas para el público a la entrada del Teatro Real madrileño, donde hicieron oír sus reivindicaciones: libertad en la red, no a la censura de las webs y la dimisión de la ministra de cultura Ángeles González Sinde. Precisamente, fue Sinde la que recibió los mayores abucheos, mientras que Álex de la Iglesia se llevó aplausos y gritos de apoyo: "¡Álex, Álex, Álex!".
"Con lo que nos jugamos aquí, en esta plaza tendría que haber cuarenta millones de personas manifestándose", afirmó un simpatizante de Anonymous oculto bajo una máscara de Guy Fawkes con un silbato pegado a la nariz. Habló de la organización con entusiasmo, casi gritando y envuelto en sudor: "Es la primera vez que vengo a una protesta que organicen, pero hace falta movimientos así ante los extremos a los que está llegando el Gobierno".
Aunque hubo un pequeño despliegue policial, la manifestación no fue agresiva, y a lo máximo que llegó fue a varias personas del público que tiraron huevos a la ministra. Muchos enmascarados los desaprobaron: "Esos no nos representan a nosotros", aclararon varios. Uno de los guardias de seguridad afirmó que no fue una manifestación problemática. Es más, añadió que "si no estuviera trabajando, estaría ahí con ellos". No hubo intentos de asaltar la alfombra roja, como prometían los comunicados de Anonymous.
Para muchos de los asistentes, estar ahí era una novedad. Nunca habían asistido a movimientos organizados por Anonymous, que es una organización con pocos meses de vida. Todos, sin embargo, se acostumbraron pronto a una de sus pocas normas: no hay líderes y nadie habla en nombre de todos. Por eso las máscaras. Algunos, sin embargo, llegaron por su cuenta. Como un chico joven que, a cara descubierta, ondeaba una bandera pirata, ironizando sobre la "crimininalización" a la que él consideraba que eran sometidos los internautas.
Desde fuera del cordón de protección de la alfombra roja, la ceremonia de los Goya no parecía la misma. Las televisiones apenas mostraron imágenes de los grupos de máscaras blancas. "¡Los periodistas estáis vendidos!", protestaban muchos, quejándose por la escasa atención que les prestaron.
jueves, 23 de diciembre de 2010
Seis apuntes sobre 'Balada triste de trompeta'
1. Esperar a que se enciendan las luces del cine y girarse a ver las caras del resto del público aporta mucho a la película. Hay quien rompe a llorar, quien se queda callado y agacha la cabeza, o quien la mantiene bien alta y mira los créditos con una sonrisilla condescendiente. Balada triste de trompeta no admite medias tintas. O te metes de lleno en lo que estás viendo y dejas que te cale hasta los huesos, o lo rechazas de pleno y te dedicas a buscarle los errores. Yo he escogido la primera actitud.

2. En la historia del arte de nuestro país existe una división clásica entre la temática de la España blanca y la España negra. La blanca, luminosa y optimista, tiene en Sorolla su gran representante. La España negra, oscura y violenta, tiene uno de sus mayores apogeos como tema entre los pintores de la generación del 98 (Regoyos, Zuloaga, Gutierrez Solana).
La decadencia del impresionismo y el auge del expresionismo, la inestable situación española a finales del siglo XIX y el pesimismo noventayochista abonan el campo para que la España negra se convierta en el gran tema pictórico.
Álex de la Iglesia es el gran retomador de la España negra. De las miserias ocultas de una sociedad egoísta, cínica y despreocupada. Hay mucho de esto en Balada triste de trompeta, que retrata lo más mezquino de una sociedad que se esfuerza en mostrar la cara limpia. Algo parecido a lo que consiguió contar Luis Martín-Santos en Tiempo de silencio.
Un detalle: en cada una de las escenas en las que alguien está ejerciendo la violencia contra otra persona, hay muchas otras mirando alrededor, pero ninguna interviene. ¿Verdad que nos suena?
3. Seis meses antes de la guerra civil, Dalí pinta Construcción blanda con judías hervidas.Tras estallar el conflicto, el mismo artista la renombra añadiéndole la coletilla de Premonición de la guerra civil.
Más allá de la pequeña fantasmada de Dalí, pocos cuadros han definido con tanta precisión a la guerra civil. Una criatura amorfa y ciega, cuyas dos partes separadas tratan de estrangularse entre sí en una pelea desbocada y estúpida. A su alrededor, la nada.

Balada triste de trompeta es muy parecida al cuadro de Dalí. Demasiado tremendista para parecer real, pero demasiado incómoda para no tomarla en serio. Y al igual que el cuadro de Dalí, dibuja a dos esperpentos que quieren matarse a toda costa. Son los protagonistas de una gran payasada sngrienta y sin sentido. Y la raíz a la que apunta la película es otra gran payasada sin sentido: la guerra. Dos partes que hasta hace poco habían convivido como vecinas se van destrozando entre sí hasta quedar irreconocibles.
4. Álex de la Iglesia, con su indagación casi delirante en la violencia y la degradación de quienes la ejercen, tiene algo de Sam Peckimpah a la española. Hay una frase de Grupo salvaje, la obra maestra del director americano, que también tiene mucho sentido en Balada triste de trompeta: "Incluso los peores de nosotros quieren volver a ser niños. Especialmente los peores". De la Iglesia nos pone frente a un protagonista que anhela ser el niño que nunca fue, y otro que adora en los niños la inocencia que él no tiene.
5. No sé si Álex de la Iglesia es el mejor director de cine español en activo. Pero sí el que da más sentido al término "cine español". Esto es, un cine que consigue atrapar la esencia de un país. En Balada triste de trompeta, De la Iglesia lo hace a lo grande. Abarcando cuarenta años de historia, desde la guerra civil hasta el ocaso del franquismo, poniendo a sus protagonistas en mitad de acontecimientos de libro de historia o haciéndolos aparecer en el NO-DO junto al Lute.

Esto la convierte en una película que sólo podría haber hecho un español. Porque se alimenta de todo lo que integra una identidad nacional: historia, lenguaje, lugares comunes y temperamento. Una película que, si yo viese siendo extranjero, me animaría a querer leer un par de libros de historia española y alguna novela fundamental.
Hay mucho legado cultural. Mezclemos los perdedores que retrataba Velázquez, lo recargado de Goya, el pesismismo de Unamuno, los esperpentos de Valle Inclán, el sentido trágico de García-Lorca, el surrealismo Buñuel y Dalí, y el tremendismo de este último. El resultado de agitarlo todo es algo muy parecido a Balada triste de trompeta.
6. El final. Es como un puñetazo en los dientes que te da una mano surgida de la nada. El despertar de un mal sueño que sigue pareciendo muy real. Delante de tus ojos ves belleza quebrada, y resulta doloroso. Ves como por lo que los dos protagonistas se han convertido en bestias -y han ido dañandola mientras peleaban por ella, atención de nuevo al símil con la guerra- desaparece con un golpe seco. Y ves en los ojos de los protagonistas un momento de lucidez antes de dejarse caer en la locura sin remedio. Uno ríe y el otro llora.

2. En la historia del arte de nuestro país existe una división clásica entre la temática de la España blanca y la España negra. La blanca, luminosa y optimista, tiene en Sorolla su gran representante. La España negra, oscura y violenta, tiene uno de sus mayores apogeos como tema entre los pintores de la generación del 98 (Regoyos, Zuloaga, Gutierrez Solana).
La decadencia del impresionismo y el auge del expresionismo, la inestable situación española a finales del siglo XIX y el pesimismo noventayochista abonan el campo para que la España negra se convierta en el gran tema pictórico.
Álex de la Iglesia es el gran retomador de la España negra. De las miserias ocultas de una sociedad egoísta, cínica y despreocupada. Hay mucho de esto en Balada triste de trompeta, que retrata lo más mezquino de una sociedad que se esfuerza en mostrar la cara limpia. Algo parecido a lo que consiguió contar Luis Martín-Santos en Tiempo de silencio.
Un detalle: en cada una de las escenas en las que alguien está ejerciendo la violencia contra otra persona, hay muchas otras mirando alrededor, pero ninguna interviene. ¿Verdad que nos suena?
3. Seis meses antes de la guerra civil, Dalí pinta Construcción blanda con judías hervidas.Tras estallar el conflicto, el mismo artista la renombra añadiéndole la coletilla de Premonición de la guerra civil.
Más allá de la pequeña fantasmada de Dalí, pocos cuadros han definido con tanta precisión a la guerra civil. Una criatura amorfa y ciega, cuyas dos partes separadas tratan de estrangularse entre sí en una pelea desbocada y estúpida. A su alrededor, la nada.

Balada triste de trompeta es muy parecida al cuadro de Dalí. Demasiado tremendista para parecer real, pero demasiado incómoda para no tomarla en serio. Y al igual que el cuadro de Dalí, dibuja a dos esperpentos que quieren matarse a toda costa. Son los protagonistas de una gran payasada sngrienta y sin sentido. Y la raíz a la que apunta la película es otra gran payasada sin sentido: la guerra. Dos partes que hasta hace poco habían convivido como vecinas se van destrozando entre sí hasta quedar irreconocibles.
4. Álex de la Iglesia, con su indagación casi delirante en la violencia y la degradación de quienes la ejercen, tiene algo de Sam Peckimpah a la española. Hay una frase de Grupo salvaje, la obra maestra del director americano, que también tiene mucho sentido en Balada triste de trompeta: "Incluso los peores de nosotros quieren volver a ser niños. Especialmente los peores". De la Iglesia nos pone frente a un protagonista que anhela ser el niño que nunca fue, y otro que adora en los niños la inocencia que él no tiene.
5. No sé si Álex de la Iglesia es el mejor director de cine español en activo. Pero sí el que da más sentido al término "cine español". Esto es, un cine que consigue atrapar la esencia de un país. En Balada triste de trompeta, De la Iglesia lo hace a lo grande. Abarcando cuarenta años de historia, desde la guerra civil hasta el ocaso del franquismo, poniendo a sus protagonistas en mitad de acontecimientos de libro de historia o haciéndolos aparecer en el NO-DO junto al Lute.

Esto la convierte en una película que sólo podría haber hecho un español. Porque se alimenta de todo lo que integra una identidad nacional: historia, lenguaje, lugares comunes y temperamento. Una película que, si yo viese siendo extranjero, me animaría a querer leer un par de libros de historia española y alguna novela fundamental.
Hay mucho legado cultural. Mezclemos los perdedores que retrataba Velázquez, lo recargado de Goya, el pesismismo de Unamuno, los esperpentos de Valle Inclán, el sentido trágico de García-Lorca, el surrealismo Buñuel y Dalí, y el tremendismo de este último. El resultado de agitarlo todo es algo muy parecido a Balada triste de trompeta.
6. El final. Es como un puñetazo en los dientes que te da una mano surgida de la nada. El despertar de un mal sueño que sigue pareciendo muy real. Delante de tus ojos ves belleza quebrada, y resulta doloroso. Ves como por lo que los dos protagonistas se han convertido en bestias -y han ido dañandola mientras peleaban por ella, atención de nuevo al símil con la guerra- desaparece con un golpe seco. Y ves en los ojos de los protagonistas un momento de lucidez antes de dejarse caer en la locura sin remedio. Uno ríe y el otro llora.
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