viernes, 9 de septiembre de 2011

Turborock! El retiro espiritual de los viejos rockeros


Nada Surf, D Generation y The Buzzcocks, protagonistas de un festival que sacudió Benidorm y Santander. Crónica publicada en el Diario ABC

Se puede hacer un festival de verano sin Vetusta Morla y compañía. Aunque el «indie-pop» parece haber invadido casi todos los carteles estivales, aún quedan oasis para los viejos rockeros. El Azkena Rock Festival de Vitoria es el más popular, pero un joven competidor le desafía en pureza. Se trata del Turborock!, una apuesta por el rock de corte clásico como único plato del menú.


En Santander, desde la entrada al recinto, se percibe el claro intento de la organización por desmarcarse de otros festivales. Un «stand» con cubetas de vinilos y cd's sustituye al tradicional puesto de cervezas: en el Turborock!, por 8 euros es posible comprar álbumes de grupos clásicos en lugar de un mini de cerveza, también disponible a un precio más reducido. Hasta el modo de pago es diferente: la organización ha creado monedas y billetes especiales para el festival. En las monedas la tradicional leyenda de los dólares americanos ha sido sustituida por un lema que resume bien el espíritu del evento: «In Rock We Trust».

«Este es un festival para quienes el rock forma parte de su vida interior», afirma Esteban J. Girón, responsable de prensa de la promotora musical Heart of Gold, una de las «culpables» de la existencia del Turborock! Este fin de semana ha celebrado su segunda edición simultáneamente en Santander y Benidorm, que han compartido el mismo cartel pero invirtiendo los días. Entre los platos fuertes han estado el «power-pop» de Nada Surf, el punk sin concesiones de D Generation y The Buzzcocks, el rock clásico de Urge Overkill –culpables de la versión del «Girl, You'll Be A Woman Soon» de Neil Diamond que aparece en Pulp Fiction–, los aderezos funk de The Bellrays y el surf de Man or Astro-Man?.

Las cifras de asistencia de este año, pese a que han superado a las de 2010, son modestas: unas 1.000 personas por día en Santander y otras tantas en Benidorm. Según Girón, los números son parte de la propuesta del festival: «Tratamos de devolver el rock a su estado primigenio, que son los recintos de aforo limitado en los que los fans no estén a cientos de metros de los músicos». El mimo con el que han cuidado el festival, se hace evidente en el emplazamiento elegido en la edición cántabra: el Escenario Santander permite disfrutar comodamente de los conciertos desde una loma con césped al aire libre. En el interior, la intimidad del recinto casi permite a los amantes del rock tocar a sus ídolos.

Tan exquisitos se han puesto los organizadores que la primera edición del Turborock! también pasó por Madrid, pero este año decidieron dejar fuera a la capital pese que fue el principal foco de público. «Madrid desvirtuaba la idea de festival delicatessen, porque no implicaba que la gente se moviese de casa un fin de semana solo para disfrutar de la ciudad y la música», asegura Girón.

«In Rock We Trust»

Desde Santander, Nada Surf, cabezas de cartel, no decepcionaron a un respetable tan selecto. El grupo norteamericano, que cuenta en sus filas con el español Daniel Lorca al bajo, ofreció un recital repleto de trallazos, en el que cayeron desde medios tiempos como «Always Love» hasta números más bailables como «Concrete Bed». Una esperada «Blankest Year» cerró un concierto agradable entre aplausos. Por su parte, el domingo The Buzzcocks desplegaron su mezcla de guitarras contundentes y sensibilidad pop. Algunas de las mejores melodías del punk británico de finales de los 70 llevan su nombre. Y no fallaron. Temas como «Ever Fallen in Love (With Someone You Shouldn't've)» u «Orgasm Addict» resonaron entre las gargantas del auditorio.

En cuanto a los neoyorquinos D Generation demostraron ser una máquina de punk perfectamente engrasada, en la cual su cantante, un colosal Jesse Malin, lideró el abordaje sobre el Escenario Santander. «She Stands There», «Helpless» o una rabiosa «Capital Offender», fueron los picos de un recital repleto de actitud y distorsión.

Probablemente el Turborock! nunca forme parte del circuito veraniego «indie», y por tanto esté destinado a ser un festival de segunda fila. Con apuestas como el elevado precio de los abonos, la ausencia de grupos de masas en el cartel y una estricta especialización rockera —inversa al eclecticismo que caracteriza a los grandes festivales—, los organizadores han renunciado a atraer a un público que llene los campings. A cambio, tratan de ganarse a una parroquia de rockeros aburguesados, dispuestos a dejarse dinero en cervezas y vinilos y muy exigentes con la calidad del sonido. Mientras consigan mantenerlos contentos, España contará una vez al año con un santuario del rock: un retiro espiritual para los eternos hijos de los setenta.

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